Cáncer de colon y alimentación

foto-ana-amatHoy  colabora conmigo, en la elaboración de este artículo sobre el cáncer de colon y la alimentación, Maria Amat Díaz, Farmacéutica especialista en Farmacia hospitalaria.

Cada vez se diagnostican más casos de cáncer de colon en los países desarrollados.

Hoy por hoy, el cáncer de colon es el tercer tipo de cáncer más frecuente en hombres y el segundo en mujeres. Aunque, si tenemos en cuenta ambos sexos, es el cáncer con mayor incidencia en España (15%). ¿Qué significa esto? Que hay unos 32.240 pacientes nuevos al año con cáncer de colon en nuestro país, según los últimos datos que ha facilitado la Sociedad Española de Oncología Médica.

Nos encontramos, por tanto, ante un problema de salud pública; pero ¿es posible hacer algo? ¿cómo podemos evitarlo?.

En toda enfermedad existen factores de riesgo,es decir, agentes que incrementan las posibilidades de desarrollarla.

Está claro que hay factores sobre los que no vamos a poder actuar, como por ejemplo, los factores genéticos o la edad. Por ejemplo, en el cáncer de colon, el cumplir años va unido también a una mayor probabilidad de desarrollar pólipos en el colon y en el recto y por eso la mayoría de los casos  se diagnostican entre los 65 y 75 años.

Pero existen otros muchos elementos relacionados con el estilo de vida, que si van a depender de nosotros mismos y que vamos a poder actuar sobre ellos para reducir el riesgo de sufrir la enfermedad.

Entre estos factores se encuentran los clásicos conocidos, que nunca está demás recordar, como es el tabaco, el alcohol, la inactividad física y la alimentación.

A este respecto, muy recientemente la Organización Mundial de la Salud ha hecho una declaración sobre los vínculos entre la carne roja y la procesada y el cáncer colorrectal, tan recientemente que todavía podemos sentir el revuelo de la noticia en los medios de comunicación o en las redes sociales, muchos de ellos anunciando la muerte de nuestro queridísimo jamón.

Según el informe,  el consumo de carne procesada, es decir,  aquella que ha sido transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación o el ahumado,  se ha asociado con pequeños aumentos en el riesgo de cáncer colorrectal. Según estos datos, el riesgo de sufrir la enfermedad  aumentaba con la cantidad de carne consumida, cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumentaba el riesgo el cáncer colorrectal.

En el caso de la carne roja la evidencia no fue tan fuerte, pero también parecía haber una relación con la cantidad de carne consumida diariamente.

¿ Estamos, por tanto, en el momento de olvidar el placer carnívoro ?… ¡que no cunda el pánico! Según el informe de la OMS, el riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida, pero no se ha conseguido concluir cual es la cantidad segura que deberíamos comer.

Se sabe que comer carne tiene beneficios para la salud, nos aporta proteínas, minerales, hierro, vitamina B12, pero parafraseando a Paracelso, en la dosis está el veneno, así que todo puede ser beneficioso si es con moderación. Esta mesura no es algo nuevo, sino que ya se contemplaba en nuestra dieta mediterránea. Y es que al final, todo lo bueno no pasa de moda y nuestra dieta mediterránea está más de moda que nunca, no sólo porque compatibiliza el placer de la diversidad y del sabor, sino que, además, es sinónimo de salud y de prevención de enfermedad.

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